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Terra
La Coctelera

Próxima parada...

OK, quizás es necesario que se le avise a la gente que es más despistada dónde se tiene que bajar, o tal vez está hecho para las personas que visitan Rancagua y no son de la zona. Pero díganme que no es extraño que ahora en los tiempos que en todos los lugares existe una exagerada bulla, ¿hasta los medios de transporte hablen?

El otro día iba sentada en la micro lo más tranquila del mundo y se avisa una nueva detención; al pasar por una universidad se escucha: “Próxima parada la universidad Andrés Bello, La educación es un derecho de los estudiantes, los cuales tienen que ser responsables”, la verdad era algo así, porque las ganas de reírme no me dejaron escuchar todo literalmente.

Es que pese a que existan personas tras de este nuevo “adelanto”, que claro deben haber estado pensando en esta idea, es muy divertido ver interrumpidas las conversaciones que uno tiene con uno mismo en esos ratos de ocio, por una voz femenina que va haciendo un tour turístico de la zona y más encima da consejos, de moral y buenas costumbres. Según un amigo, cuando estas micros - que son el recorrido de EL Manzanal - pasan por lugares un tanto peliagudos, advierten a la gente que cuide sus pertenencias.

A ¿qué hemos llegado? ¿A que las máquinas nos digan qué hacer y qué ver? ¿O son simples adornos para “enchular” nuestros Trans O'Higgins? Respuestas de esas interrogantes yo no tengo, pero alguien debe saber el por qué de su implementación. En todo caso, para quienes las hicieron, este comentario no es para alarmarse. Después de todo, la vocecita femenina no le hace daño a nadie; sólo nos busca diferenciarnos y quizás hasta este invento sea algo que nos genere mayor identidad.

En todo caso, si sabes el por qué de este invento o quieres especular como lo hice yo, escríbanos, “porque escribir es una forma para ejercer cultura y para desarrollar habilidades”.

Sólo deseo Volar

Ir a presenciar teatro es una actividad que rompe las rutinas cotidianas de quienes estamos inmersos en actividades convencionales. La idea es poder tener en nuestra ciudad agrupaciones que se interesen por fomentar este tipo de consumo, el cuál se aleja bastante del comercial que se promueve a diario. Una posibilidad así, tuve el día de ayer, cuando tomé mi libro de apuntes, una grabadora y me instalé en la Sala Triarte.

Quizás esta nota poco tendrá de objetividad, y bueno quién lo es, pero quiero decir de antemano que tuve una sensación de renacimiento desde que vi asomarse al primer actor de la puesta en escena.

La noche fue así.

Alsino desde un comienzo dijo lo mismo “deseo volar y no tengo alas”. Su vida giraba en torno a esa frase y todo el mundo tenía que aguantar las largas charlas en torno al tema. Las acciones usadas no fueron menores, incluso atentó contra su salud; cuando se lanzó de un cerro, se cayó, se enfermó y le salió una joroba. Plop, muchos podrán decir que ahí se acabo la obra, pero en el fondo ese es el comienzo y la parte que no sólo marca la vida de Alsino, sino también la nuestra.

¿Quién no ha deseado todo el tiempo tener más o estar mejor y no se ha dado cuenta de lo mucho que tiene?. Preguntárselo ahora es relativamente fácil, pero en este posmodernismo que muchos quieren instaurar, ser negativo ante la vida es algo que está de moda. A diario nos movemos en ambientes en que sólo se busca generar más y hacer más y no miramos el agua que se escurre de nuestras mismas manos.

Afortunadamente en nuestro Rancagua existen personas que sí se interesan por tocar ciertas temáticas y también por crean una atmósfera mágica bajo el alero de un montaje. Estoy hablando de Triarte, una agrupación que nace bajo el lema de Tres por el Arte Teatral y que ya en 5 años han logrado difundir sus distintos lenguajes.

Con el trabajo realizado por Manuel Mendoza, Pelusa Ruz, y Gabriel Bosque, la agrupación se ha ido formando y hoy ya son varios actores los que desarrollan obras para renovar el teatro local, con su mirada y desde su misma sala de teatro. Todo un logro para quienes hoy imitan este tipo de acción ciudadana.

El trabajo ha sido arduo, pero han contado con la posibilidad y el apoyo de sujetos importantes en su vida, como es Marcos Landeros, dueño de la Kresta Negra (lugar de ubicación de la sala) y con quienes los han beneficiado con tres FONDART. La suerte los acompaña, pero también las buenas ideas y su singular estilo.

Según la visión de Gabriel Bosque, quién dirige esta obra, su trabajo también dice mucha relación con su estado de ánimo o mejor dicho con su momento en este proceso que es la vida. “La mayor parte de los montajes son textos míos, por lo tanto dependen mucho de mi momento creativo, si estoy pasando por un momento muy oscuro eso repercute en la obra”, enfatiza.

Entonces y frente a tal declaraciones, podemos concluir que la vida de Gabriel se encuentra en perfecto estado, puesto que esta obra evidencia un trabajo sutil, a ratos real a ratos como de sueños y con una sintonía con las escenas que logran hacer visible a un reparto que trabaja desde sus sentimientos.

Durante esta semana y hasta el 3 de febrero se exhibirá Alsino, obra de Pedro Prado, y a la vuelta de unas merecidas vacaciones se viene TRIARTE con un ciclo de obras para todos los gustos.

Ni un brillo

Esta es la frase típica de un amigo cuando quiere hablar de alguien que no tiene mucho sentido analizar su comportamiento. Generalmente la suele usar cuando habla de quien que nos hizo sufrir o de quien en esos momentos estamos peleados, y que ya nos da lata pedirle peras al olmo.

En fin, poco a poco he comenzado a tomarle el peso a la frasecita ésta y a pensar en el tipo de relaciones que estamos estableciendo. Mi pregunta para todos quienes me leen ahora es, en estos momentos ¿estas enojado con alguien o tienes muchas ganas de decir unas cuántas verdades a algún sujeto?

UFFFF me imagino que más de alguien tiene atragantada una espina en la garganta y no se atreve a decir nada. Pero cuál es la mejor forma para decir lo que se siente. Este tema es muy complicado y creo que tiene mucha relación con el estilo de vida acelerada que tenemos y que en muchos casos no medimos la dimensión de nuestras oraciones.

En variadas ocasiones queremos decir algo y en el fondo estamos diciendo rápidamente todo lo contrario, o quizás nos interpretan de la forma errónea, pero ¿cómo vamos solucionando eso?.

Qué complicado es comunicarnos, que difícil es el ejercicio de decir lo que se siente, y más hoy porque ya no nos comunicamos cara a cara sino que por estos miles de medios tecnológicos que claro acrecientan las comunicaciones con quienes tenemos lejos, pero insisto que las reducen con los que tenemos en la pieza del lado.

Ojalá lleguemos a conclusiones y soluciones colectivas porque no es justo cargar con el peso de relaciones mal comprendidas y con mensajes que claramente llegaron cortados a nuestros receptores; en ese sentido no existe ni una pizca de retroalimentación.

Desde donde nos pensamos

En los ratos que me quedan disponibles he estado leyendo un libro que me traje cuando fui a Argentina el 2004, éste es Construcción y Administración de la ciudad latinoamericana de Nora Clichevsky. Desde la primera presentación que se observa del libro es posible ver lo que adentro se obtiene. Una casa como primera vista, pero en el fondo si se observa con detención, es clave ver las construcciones que existen tras un sólo dibujo.

En este sentido, estoy pensando en las formas en que nuestra sociedad es capaz de crear una ciudad. Cuando miro por ejemplo Rancagua, ciudad de la que soy nacida y criada, y que he vuelto a habitar hace ya 5 meses, veo en las rutinas de nosotros los ciudadanos una ciudad que ejemplifica claramente el sistema neoliberal. Acá es posible ver un contacto y muchas intervenciones sociales, como bien dijo un amigo hace mucho tiempo, producto de las lógicas de consumo.

El supermercado, el mall, el cafecito, el pub, son lugares de encuentro permanente de los rancagüinos, y esto lo veo aún más de cerca ahora que el cortado y la galletitas me acompañan para mis reuniones de trabajo.

Si bien esta realidad es practicada por todos, y se hace invisible ante nuestros ojos, porque es la rutina que nos consume, creo que no está de más pegarse estas reflexiones, en especial cuando el modelo neoliberal ha empobrecido el contacto con los sujetos que también alberga nuestra ciudad.

De este tema ya harto se ha dicho en Rancagua; queremos más practicas sociales y menos individualismo, pero ¿cómo lo vamos a impulsar?.

Considero que es clave pensar que la ciudad es una construcción colectiva, en la que todos somos parte y en la que todos debemos aportar. En este sentido, insisto, ojo con las relaciones que establecemos, para mi forma de ver las cosas esto parte desde cómo nos relacionamos con nuestros más cercanos y cómo desde nuestras interacciones cotidianas podemos ir avanzando en comunidad.