En los ratos que me quedan disponibles he estado leyendo un libro que me traje cuando fui a Argentina el 2004, éste es Construcción y Administración de la ciudad latinoamericana de Nora Clichevsky. Desde la primera presentación que se observa del libro es posible ver lo que adentro se obtiene. Una casa como primera vista, pero en el fondo si se observa con detención, es clave ver las construcciones que existen tras un sólo dibujo.
En este sentido, estoy pensando en las formas en que nuestra sociedad es capaz de crear una ciudad. Cuando miro por ejemplo Rancagua, ciudad de la que soy nacida y criada, y que he vuelto a habitar hace ya 5 meses, veo en las rutinas de nosotros los ciudadanos una ciudad que ejemplifica claramente el sistema neoliberal. Acá es posible ver un contacto y muchas intervenciones sociales, como bien dijo un amigo hace mucho tiempo, producto de las lógicas de consumo.
El supermercado, el mall, el cafecito, el pub, son lugares de encuentro permanente de los rancagüinos, y esto lo veo aún más de cerca ahora que el cortado y la galletitas me acompañan para mis reuniones de trabajo.
Si bien esta realidad es practicada por todos, y se hace invisible ante nuestros ojos, porque es la rutina que nos consume, creo que no está de más pegarse estas reflexiones, en especial cuando el modelo neoliberal ha empobrecido el contacto con los sujetos que también alberga nuestra ciudad.
De este tema ya harto se ha dicho en Rancagua; queremos más practicas sociales y menos individualismo, pero ¿cómo lo vamos a impulsar?.
Considero que es clave pensar que la ciudad es una construcción colectiva, en la que todos somos parte y en la que todos debemos aportar. En este sentido, insisto, ojo con las relaciones que establecemos, para mi forma de ver las cosas esto parte desde cómo nos relacionamos con nuestros más cercanos y cómo desde nuestras interacciones cotidianas podemos ir avanzando en comunidad.
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